La Amenaza

Hay algo ahí. La amenaza. El mundo de los seres y los enseres parece girado hacia su espectro siniestro -o resumido en él-: el lado oscuro de las fuerzas que lo atraviesan ha dejado de resultarnos perverso, y ya nada oculta… es la muerte en los ojos, que diría Vernant, una diferencia radical e insalvable sobre lo otro que Javier Pulido intuye angustiosamente con esas cuencas vacías por doquier. Energías tenebrosas capaces de reducirnos a todos a la inmovilidad, la afasia; la consunción misma… Sí, es cierto, nos consumen nuestras ansias y apetitos hasta no dejar de nosotros más que un espectro irreconocible; nos devoran por dentro queriéndose hacer manifiestamente visibles: completa exterioridad sin pliegues. Del mismo modo como nos corroen las pasiones, o el terror nos paraliza, esas mismas fuerzas oscuras tan violentas que atraviesan el mundo (mecánicas, del trabajo o la legalidad, la supervivencia, una animalidad íntima) aniquilan sin apenas esfuerzo cuanto se les cruza. Pero al mismo tiempo nos nutren y harán crecer. Terrible, sí, porque aquí todo puede ser, al mismo tiempo, una voraz carcajada, descarnada y gélida, como esas que, simultáneamente, podemos descubrir enroscadas en las mismas calaveras troqueladas de Pulido. No existe, pues, el verbo, en este mundo de signos y gestos de apariencia festiva, carnavalesca, y tan desordenada. Todo deviene máscara. Así, con la muerte en los ojos, por un lado, y las palabras deshaciéndose en nuestras bocas como hongos podridos (Lord Chandos), por otro, hemos arribado al Hades. Allí nos está esperando este artista con un bisturí en la mano -extraña herramienta para el dibujo-, y sale a nuestro encuentro con ese hiriente punzón, dispuesto a señalar los puntos enfermos o más ridículos de la comedia humana; poniéndolos de manifiesto: en evidencia. Pero, ¿podrá Pulido con una simple cuchilla segar en dos la fuerzas que atraviesan el mundo, o nuestro frágil cuerpo? ¿No les asusta ahora? Estas imágenes sobre los atractivos que anidan en lo terrorífico hablan de todo ello con un aspecto inocentón y casi lúdico, aunque con una pasión que yo diría de temer. Porque hay algo ahí… y ese algo es, ya lo saben, la amenaza.

Óscar Alonso Molina [Madrid, junio de 2005]

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